Tras la eliminación del ayatolá, Teherán lanzó una décima oleada de ataques que incluyó la zona gubernamental de Israel y bases de Estados Unidos en la región.
Ante este escenario, los CGRI afirmaron que el destino del jefe del Gobierno israelí está “en el limbo” tras los impactos en la zona gubernamental. En paralelo, Washington informó sobre el hundimiento de una corbeta iraní en el Golfo de Omán, sumando un nuevo frente naval a la escalada bélica que ya afecta a varios puntos de Oriente Medio.
La respuesta de Teherán no se limitó a objetivos gubernamentales, sino que incluyó varias oleadas de misiles balísticos y drones hacia Israel y bases estadounidenses. Estos ataques provocaron al menos diez muertes, incluyendo víctimas por el impacto directo sobre un edificio residencial en Beit Shemesh. Por su parte, la Guardia Revolucionaria iraní sostuvo que atacó al portaaviones USS Abraham Lincoln, una versión que el Pentágono rechazó de inmediato. En medio de este clima de violencia, el presidente Donald Trump declaró que está dispuesto a dialogar con los nuevos dirigentes iraníes, aunque reconoció que varios de sus interlocutores anteriores murieron en los bombardeos recientes. fuente: Diario Popular