En las últimas horas volvieron a escucharse rumores de que el dos veces gobernador Carlos Verna podría regresar de lleno al ruedo. Y cuando surge el nombre del nacido en Gonzalez Moreno o a el mismo se le ocurre algún tipo de señal pública, se sacude la modorra politica pempeana.
El medio piquense En Boca de Todos publicó que desde el entorno del ex mandatario y líder de la Línea Plural dejaron trascender, casi en susurros calculados, que el “viejo caudillo” estaría dispuesto a volver a competir por la Gobernación en 2027. ¿Es humo? ¿Es una jugada de presión? ¿O es el primer paso de un regreso que puede cambiarlo todo?
El único que aglutina
En un peronismo fragmentado, con tensiones internas y liderazgos en disputa, Verna sigue siendo —para muchos— la única figura capaz de aglutinar a todos los sectores más allá de las diferencias. Su nombre nunca desaparece de las conversaciones. siempre estuvo plantado en cada discusión grande.
Ganó, se fue , volvió, se reinventó. Y aun cuando algunos dirigentes intentaron “jubilarlo”, el poder real dentro del partido nunca dejó de reconocer su peso específico.
El movimiento vernista no es casual. Se da en un contexto clave: el gobernador Sergio Ziliotto no puede aspirar a un tercer mandato y ya dejó en claro que tendrá un rol determinante en la elección de su sucesor.
Ahí es donde el fantasma de Verna incomoda. Porque si decide jugar, no hay discusión interna que no pase por él. Y si no juega, su bendición o su veto pueden definir el futuro del oficialismo.
Sectores cercanos al exmandatario comenzaron a instalar la posibilidad a fines de 2025. No se trata —al menos por ahora— de un “operativo clamor” como el de 2015. Es algo más sutil. Más estratégico. Una instalación progresiva que mantiene en vilo a propios y extraños.
¿Candidato o gran elector?
Algunos dentro del peronismo creen que no habrá candidatura, que todo forma parte de una táctica de acumulación para condicionar la interna y garantizar que el próximo postulante no ponga en riesgo la Gobernación. Otros, en cambio, sostienen que Verna no quiere ver al PJ perder el poder y que, si las circunstancias lo empujan, podría volver a ponerse el traje de candidato.
La pregunta no es solo si Verna quiere.
La pregunta es si el peronismo puede prescindir de él.
En una provincia donde los liderazgos pesan más que las estructuras, el regreso del caudillo no sería un dato menor: sería un terremoto político.
Por ahora, son versiones. Pero en La Pampa, cuando el nombre de Verna empieza a sonar fuerte, nunca es casualidad. Y todos lo saben. fuente: En Boca de Todos