Aunque todos, o casi todos, dentro de la UCR, consultados por el periodismo prefieren guardar las formas -ante la manera en que se gestó la decisión de bajar a Javier Couly y colocar en Empatel a Gabriela Bruno-, lo cierto es que la interna está desatada.
Los dirigentes consultados prefieren el «off the record», o las declaraciones nada altisonantes para señalar que «sólo se trató de una diferencia que quedó saldada» -esas fueron más o menos las expresiones de Tito Pechín, presidente de la UCR provincial-, aunque la realidad es que la brecha entre los sectores aparece cada vez más amplia.

«Son los mismos».
Se sabe que algunos «históricos» del partido -los que hablan por lo bajo ubican allí a Francisco Torroba, Juan Carlos Marino, Daniel Kroneberger, y algún otro dirigente-, son acusados de manejar algunas circunstancias de manera de posicionarse ellos en forma permanente.
«Son los que siempre ocupan cargos, desde hace décadas», disparan desde la vereda de enfrente, refiriendo a que hay apellidos que se repiten.
Lo cierto es que ante esta nueva diferencia por un puesto si se quiere menor en una empresa del Estado (Empatel), hay quienes por lo bajo dicen que la beligerancia irá «in crescendo», a medida que se pongan en juego cargos más importantes.

Kroneberger y Torroba apuntados.
La decisión de designar a dos representantes que corresponden a un mismo sector del partido -Javier Salaberry para el directorio y Gabriela Bruno para la sindicatura-, desató la furia (que pretenden disimular) de quienes se sienten engañados por un acuerdo incumplido.
Se consideraba cerrado el arreglo para que Javier Couly fuera a Empatel -los que dialogaban eran Daniel Kroneberger e Hipólito Altolaguirre-, cuando al momento de decidir Mauricio Agón -hombre del senador Juan Carlos Marino- pateó el tablero para decir que el lugar iba a ser para la joven contadora de Miguel Riglos, Gabriela Bruno.
Esto con el apoyo explícito de Torroba, quien hasta ese momento por medio de Kroneberger avalaba el acuerdo.
Hay que decir que Javier Couly supo estar cerca del actual diputado provincial, pero luego se acercó al sector de los Altolaguirre y Martín Berhongaray. ¿Hubo pase de factura del torrobismo para el abogado?
Afirmar eso sería una simplificación. Lo cierto es que las discrepancias entre los radicales son cada vez más notables.

¿Freno a los «históricos»?
Por estas horas se ha empezado a decir que los heridos de esta «batalla» están dispuestos a dar un golpe sobre la mesa para intentar ponerle un freno a los históricos. ¿Será así?
Concretamente, lo que se viene expresando es que dirigentes que no ocupan hoy lugares electivos -obviamente no son senadores, ni diputados nacionales o provinciales-, pero sí los tienen dentro de la estructura partidaria, se van a plantar.
En esa línea algunas voces ubican al propio presidente de la UCR provincial, el piquense Héctor Tito Pechín, y a Poly Altolaguirre, en tanto Martín Berhongaray por ahora prefiere no opinar, aunque está cerca de ambos.

Lo de siempre.
Ninguno lo va a decir palmariamente porque los tiempos de pandemia por supuesto frenan toda preocupación -al menos así debería ser- que no sea otra que atender la emergencia sanitaria. Pero igual, soterradamente, nadie descuida sus fichas ante las movidas de los otros.
Fiel a su costumbre, en la UCR parece venirse otra lucha intestina que ya se verá hasta donde llega. Porque, la verdad, finalmente antes nunca la sangre llegó al río y casi siempre los radicales terminaron acordando. Hoy, al menos, las diferencias están planteadas.

¿Y la Juventud Radical?
En todas esas idas y venidas dentro del centenario partido hay un sector que sigue esperando oportunidades, y tiene que ver con los jóvenes radicales. En esta ocasión, pese a que en su momento la diputada Agustina García mencionó para ocupar un cargo en Empatel a Camila Valderrey -de Cantera Popular-, como se sabe no fue seriamente considerado por quienes tenían la posibilidad de elegir. Cuando lo hicieron dejaron en el camino a Javier Couly y se manifestaron a favor de designar a Gabriela Bruno.
El presidente de la Juventud Radical, Cristian Gette, le dijo a este diario que efectivamente el sector no fue consultado, que es lo que sucede en general en distintas decisiones que deben adoptarse.
Gette reclamó que los jóvenes puedan participar «en las mesas de discusión» con todos aquellos actores que vienen siendo protagonistas dentro del partido desde hace muchos años.

«Desde la primaria».
Con mesura, Cristian Gette se refirió a algunas figuras del radicalismo como Juan Carlos Marino, Francisco Torroba y Daniel Kroneberger «entre otras, que son nombres que escucho desde que yo iba a la primaria».
Si bien respetuoso -admitiendo que también sucede en otros partidos-, sostuvo que «se les hace difícil a las nuevas generaciones que los mayores tomen dimensión de lo que le sucede a los jóvenes; que sepan de sus problemas para acceder a un trabajo, o a una vivienda, o que puedan discutir sobre política…».
«No es sencillo promover figuras nuevas dentro de un partido político, no sólo pensando en una franja etárea sino también, más allá de la edad, que se tenga cuenta a gente nueva que no haya actuado ocupando cargos políticos antes», evaluó.

Participar en mesas de discusión.
Consultado sobre ese pensamiento remanido de que a los radicales pampeanos les falta vocación de poder, Cristian Gette evaluó que «37 años como oposición en la provincia no es casualidad». De todos modos dejó en claro que no siempre sucede lo mismo, porque «hubo en muchas localidades intendentes que mostraron una impronta diferente».
¿Qué reclaman los jóvenes radicales? «Lo que dije antes, que se nos permita participar de las mesas de discusión… porque utilizar siempre la misma receta, con los mismos ingredientes, no nos han dado los mejores resultados», concluyó.

Fuente: La Arena