La dirigente social jujeña cumplió cuatro años presa (desde el 16 de enero de 2016) por corrupción y dice que no se arrepiente de haber trabajado por los pobres. «Somos rehenes de la política opositora», dijo. La líder de la Organización Tupac Amaru, aseguró que «volvería a hacer» todo lo que hizo a nivel social. “La gente está esperando que los dirigentes le resuelvan los problemas», aseguró en una entrevista con el diario Página/12 en la que defendió su inocencia. Sala fue condenada en 2019 a 13 años de prisión por defraudación al Estado, asociación ilícita y extorsión en el marco de una resonante causa conocida como «Pibes Villeros».

Durante el proceso se investigó el desvío de fondos estatales por más de $60 millones, cobrados por cooperativas para construir viviendas sociales, entre 2011 y 2015, las cuales nunca se realizaron. Para la justicia, la dirigente social era la jefa de esta asociación ilícita, que con la ayuda de funcionarios provinciales y municipales de Jujuy operaban para extraer dineros de programas habitacionales nacionales, los cuales «fueron utilizados con otros fines».

Para parte del peronismo, Sala es una «presa política», mientras que el propio presidente Alberto Fernández la definió recientemente como una «detenida arbitraria» y una «víctima» de la Justicia.

«De lo que sí por ahí me arrepiento, aunque arrepentimiento es una palabra fuerte, es de haberle dedicado tanto tiempo a la organización y poco a la familia. Porque mis hijos también se dedicaron a militar y quizá nos juntábamos un domingo cada 20 días y una familia normal lo hace un poquito más», confesó.

«Estar en la cárcel es horrible», relató durante la entrevista, y denunció: «Me aislaban a menudo y cuando yo preguntaba por qué me decían que era porque yo defendía a mis compañeros y en la cárcel los códigos son distintos».

«Lo peor de estos cuatro años es que me trataron como un objeto. Y saber que pasan cosas afuera que no podés solucionar desde adentro. Los que te quieren no quieren que te enteres, pero te enterás igual», contó. Sala, que intentó suicidarse dos veces cuando estaba presa, dijo que le gustaría «que se termine la agonía y la de mis compañeros también».

«Somos rehenes de la política opositora», asegura. «Tengo mucho dolor. Nunca me imaginé que me iban a tratar tan mal injustamente. Y lo que aprendí es que hay que reforzar la preparación de mis compañeros. Nunca nos hemos sentado a formar cuadros políticamente porque la prioridad siempre era hacer cosas«. Milagro Sala reconoce que no sabe por qué la «odia» el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, pero que “dentro de mi corazón, ya lo he perdonado». «Es digno de lástima», asegura. «Vivo un hostigamiento permanente por parte del gobernador. Lo único bueno que nos pasó estos cuatro años es que Morales por un lado descuida y niega las obras que hicimos y por otro se dedica a inaugurarlas como propias. Se contradice: o no hicimos nada o hicimos todo lo que él está inaugurando». (fuente www.perfil.com).

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