La Audiencia de Juicio de Santa Rosa condenó a Matías Fabián Rodríguez a nueve años de prisión, como autor material y penalmente responsable del delito de homicidio simple en perjuicio de Ricardo Ojeda, ocurrido el 17 de septiembre del año pasado en Anguil, y le mantuvo la prisión preventiva hasta la finalización del proceso.

En la sentencia, los jueces Andrés Olié –autor del primer voto– Carlos Besi y Alejandra Ongaro convinieron con la calificación que habían requerido, durante los alegatos del juicio oral y público, el fiscal Oscar Cazenave y el querellante particular, José Mario Aguerrido, en nombre de la madre de la víctima. En cambio difirieron con la pena, ya que ellos habían requerido 13 y 15 años de prisión, respectivamente. El defensor particular, Gastón Gómez, había alegado legítima defensa o bien exceso en la legítima defensa.

Con las pruebas reunidas durante los dos días de audiencias, el Tribunal dio por probado que ese día, poco después de la una de la madrugada, Rodríguez (18 años, palero en una planta de silos) llegó en su poco al Parque Centenario, donde Ojeda (16) y otros jóvenes estaban festejando el cumpleaños de Matías Ramos (24).

El imputado dejó el vehículo “a unos 20 o 30 metros del lugar donde se encontraban” ellos y “se dirigió directamente hacia Ramos, empuñando un cuchillo y manifestándole ‘¿qué te pasa a vos con mi hermana?’. Acto seguido, y sin que hubiera ningún tipo de discusión o pelea previa, el acusado efectuó un acometimiento con el cuchillo hacia Ramos, quien logró esquivarlo con el auxilio de Ojeda, que se interpuso entre ambos diciéndole ‘¿qué te pasa a vos con el pibe?’. Y fue en ese momento en que la víctima recibió la puñalada en la zona del tórax, que le causó la herida mortal”, dice el fallo.

Atenuantes y agravantes.

Al evaluar la fijación de la pena, que podía ser de 8 a 25 años, Olié –a cuyo voto adhirieron los otros magistrados– tuvo en cuenta a favor de Rodríguez, “su escasa edad, en el entendimiento de que si bien la plena imputabilidad penal se obtiene a los 18 años, ciertamente no se logra automáticamente una plena madurez anímica y de discernimiento, lo cual permite atribuir a su conducta un menor contenido de culpabilidad”.

También consideró atenuantes “su escaso nivel de instrucción formal (muy inferior al ciclo de educación obligatoria), lo que nos pone frente a una persona cuyo ámbito de autodeterminación no adquirió –al menos desde el aspecto formal- un pleno y completo desarrollo” y las declaraciones de cuatro testigos, que hablaron bien de él y señalaron que es “una persona trabajadora y con buenos vínculos familiares”.

Además valoró favorablemente que, inmediatamente después de lo ocurrido, “advirtió la gravedad de la situación, lo cual fue gráficamente atestiguado por Ramos, quien afirmó que le gritó que lo había matado y Rodríguez se agarró la cabeza.

Incluso una hermana de Ojeda, que estuvo en el cumpleaños y que permaneció frente al cuerpo de su hermano cuando quedó tirado en el piso, declaró que el acusado intentó hacerle respiración boca a boca, hasta que ella le dijo que se fuera. Ello, dijeron los jueces, fue compatible con el relato de un vecino que dijo ver una persona –que no pudo identificar– intentando maniobras de RCP sobre el cuerpo de Ojeda. “Éste comportamiento del acusado, aun reconociendo la probable ineficacia de sus acciones, denotaron un inmediato ánimo de enmendar el trágico resultado”, agregó Olié. Y en igual sentido remarcó las manifestaciones de arrepentimiento y el perdón, dirigidas a la mamá de la víctima, durante el proceso, las cuales calificó de “sinceras y auténticas”.

En contra del acusado, la Audiencia consideró “los motivos que lo impulsaron a llevar adelante su violento accionar”.

La presencia del acusado en el lugar de los festejos fue con el único designio de increpar a Ramos con motivo de las acciones injuriantes, al honor de su hermana, que éste habría llevado a cabo. Se trató de un motivo pueril, que solo encuentra fundamento en un perimido machismo fraternal que ‘obliga al hermano a salir en defensa del honor de su ´’propia sangre’ –indicaron los jueces–. Motivos de esa naturaleza deben ser castigados y considerados como un agravante de la pena, más aun considerando que existen múltiples herramientas legales para llevar adelante la corrección de este tipo de acciones contra una mujer, a las que la propia madre del acusado pareció hacer referencia, cuando lamentó no haber realizado la denuncia policial cuando su hija le comentó lo que venía sucediendo con Ramos”.