En el marco del XIV Simposio Científico de la Fundación Huésped, Estela Carrizo, presidente de la Red de Personas viviendo con VIH de Mar del Plata manifestó que “el uso de la sustancia aún acarrea un señalamiento social por más que haya ayudado como coterapia en el manejo del VIH”.

“Las personas con VIH usamos marihuana desde hace 30 años, porque no sólo nos da beneficios desde los físico sino también nos mejora el estado de ánimo”, dijo Estela y agregó que esta situación se da desde antes de la llegada de los antirretrovirales para buscar el bienestar emocional de los pacientes y luego de tomar los medicamentos por muchos años, por sus efectos adversos.

Además, Carrizo indicó que el uso del cannabis fue fundamental para combatir el impacto del diagnóstico en los primeros tiempos, antes de todos los avances para terminar con el estigma y la discriminación. Pero también hoy también es útil desde los beneficios físicos, mencionó la activista, para disminuir los efectos secundarios a largo plazo de los medicamentos que mantienen a raya el virus, ya que a pesar que hoy son menos tóxicos, no están exentos de producir síntomas adversos.

Agregó que “se tiene que tomar la marihuana como lo que es, una terapia complementaria de los antirretrovirales que nos alivia los problemas digestivos, nos ayuda a tener hambre, a comer, y a tolerar lo que comemos y también nos mejora el estado de ánimo”. Y lamentó que frente a los efectos colaterales de un fármaco se busque la respuesta en otro fármaco. “Para las molestias estomacales, nos dan ranitina; para dormir, clonazepam; cuando en realidad el cannabis, con menos toxicidad nos ayuda con las dos casas, y es una planta ancestral”, concluyó Carrizo.

De la misma mesa, moderada por la periodista Nora Bär, participó el doctor Thomas Kerr, de la University of British Columbia, Canadá, quien destacó que en su país existen hace 15 años leyes sobre el cannabis medicinal. A su vez, relató que a lo largo del tiempo estas normas sufrieron reformas para mejorar el acceso para los pacientes, los mismos que lucharon por el derecho al autocultivo, “ya que si a los productos de marihuana los produce la industria, se corre el riesgo de que sean adulterados con funguicidas, metales pesados y pesticidas, nocivos para pacientes”.

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