En la actualidad se calcula que existen cerca de  656 000 personas en las prisiones estatales, donde oficialmente hay espacio para menos de 400 000.

Brasil tiene el cuarto mayor sistema carcelario del mundo, solo por detrás de Estados Unidos, China y Rusia. Una de las principales razones de la precaria situación penitenciaria es el creciente número de reclusos, que se revierte en una superpoblación carcelaria. La cantidad de presos se ha incrementado más del 160 por ciento desde el año 2000.

Según la Orden de los Abogados de Brasil (OAB) las cárceles brasileñas “están controladas por el crimen organizado” y los estados “están fallando a la hora de mantener el orden y cumplir la Constitución”.

A principios de año, murieron 56 personas durante un “sangriento” motín en la cárcel brasileña Anísio Jobin de la ciudad de Manaos, capital del estado de Amazonas, producto del enfrentamiento entre dos facciones criminales rivales. Cuatro días después de la masacre en Manaos, cerca de 33 cadáveres fueron encontrados en una cárcel del estado brasileño de Roraima, en el norte del país.

A esta violenta situación se suma que las pésimas condiciones carcelarias, de infraestructura, personal penitenciario vinculado con hechos de corrupción. Las promesas gubernamentales para mejorar la capacitación de los guardias y realizar otras reformas tendientes a detener las guerras entre pandillas, que se extendieron desde las calles a las penitenciarías, parecen no estar dentro de la agenda del mandatario de facto Michel Temer.

En un informe sobre las condiciones de infraestructura en las que se encuentran los centros penitenciarios del país, la organizaciónes  internacionales afirmó que las cárceles en Brasil mantienen a los presos “en celdas oscuras, húmedas y mal ventiladas”.

FuenteImagen: Emol.com
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