Desde hace casi dos años, América del Sur vuelve a vivir una “década del ‘90”. Es que, los países más importantes de la región están administrados por gobiernos de centro y centro-derecho y Brasil no ha quedado afuera de ésta tendencia. Es así que, el gobierno liderado por Michel Temer emprende el mayor programa de privatizaciones en dos décadas, teniendo como precedente al paquete de privatizaciones realizado por Fernando Enrique Cardoso entre 1995 y 2003.

En estos días y sin muchos detalles, el equipo económico de Temer ha anunciado un programa de privatizaciones con el objetivo de captar fondos para el tesoro nacional y disminuir el déficit fiscal, buscando el tan anhelado beneplácito de los mercados y despertando enojo y furia en la oposición. Se venderán o cederán al sector privado más de 50 empresas estatales, entre ellas, aeropuertos, sistemas de saneamiento, la Casa de la Moneda y la empresa eléctrica más grande de Latinoamérica creada en 1956 por el presidente Getúlio Vargas: Electrobras. Ésta empresa emblemática para el país vecino ha estado envuelta en múltiples casos de corrupción y ha sido afectada por la crisis económica que vive actualmente el país.

En palabras de Temer la medida tomada por el gobierno va a permitir tener un Brasil más moderno y ayudará a eliminar la crisis” y  significa que “los proyectos seleccionados para privatizar funcionarán mejor para los ciudadanos y el Estado va a recibir billones de reales para invertir en en lo que realmente importa: salud, seguridad, infraestructura y educación”

Sin embargo, Dilma Rouseff no tardó en salir a criticar la medida aduciendo que “Temer dejará al país a merced de los apagones, como ocurrió en 2001 con Cardoso y el consumidor pagará una cuenta de luz estratosférica”.

Contexto de las medidas

Muchos economistas y analistas brasileños sostienen que éstas medidas son “un manotazo de ahogado” para Michel Temer quien asumió la presidencia luego de que la ex – presidenta Dilma Russef fuera destituida por un impeachment impartido por el Senado Nacional bajo la acusación de maquillar las cuentas del Estado para financiar proyectos y presentar un mejor balance ante el electorado.

En este contexto, la asunción en 2016 del actual presidente fue hecha en medio de populosas manifestaciones en las calles de Brasil, escándalos de corrupción del propio Temer y sus miembros del gabinete, crisis económica y baja legitimidad. Como consecuencia de esto, el primer mandatario goza de una gran debilidad política que no le permite llevar a cabo su ambicioso plan de reformas en la Cámara de Diputados, por ello las privatizaciones anunciadas por el equipo económico esta semana para acrecentar las cuentas del Tesoro Nacional.

 

Fanny D. Santiago

Twitter: FannyDianelaS