Pedro Opeka nació en San Martín, Buenos Aires, hace 69 años. Hace 50 años que vive su historia en Akamasoa, Madagascar: argentino, bonaerense y futbolero, que rescató de la indigencia a más de medio millón de africanos.

En 1968 el Padre Pedro viajó a Europa, permaneciendo dos años como misionero de la congregación en Madagascar. Viendo la situación de indigencia y pobreza que reinaba en la capital y sus suburbios, especialmente en los basureros donde la gente vivía en casas de cartón y los niños se disputaban la comida con los cerdos, se conmovió y resolvió hacer algo por ellos.

El 13 de enero de 1990 fundó con un grupo de jóvenes colaboradores, la Asociación Humanitaria de Akamasoa (en lengua malgache quiere decir “Los Buenos Amigos”) con el propósito de servir a los más necesitados. Con ayuda del exterior y el trabajo de la gente comenzaron a fundar pequeños poblados, con escuelas, dispensarios, pequeñas empresas y hasta un hospital. Hoy en los cinco poblados en los que viven más de 17.000 personas, cerca de 9.500 chicos estudian en sus colegios y unas 3.500 personas trabajan en la Asociación, atendiendo escuelas, dispensarios, hospitales, canteras, fábricas de muebles y artesanías.

Su causa lo llevó a ser propuesto para el Nobel de la Paz en años anteriores y la contemporaneidad de su lucha interminable lo posicionó nuevamente en este año.

Imagen: madagascar-america-foundation.org